viernes, 27 de mayo de 2011

2. La invitación

BSO de este capítulo, aquí.

Dejó un rastro de agua y purpurina a su paso, mientras agitaba su varita mágica de plástico. Caminaba dando saltitos mientras tarareaba una canción desconocida. Llevaba los pies descalzos, arrugados tras un largo tiempo en remojo. Las pequeñas uñas estaban negras. Reblandecidas. Podridas. Salvo por ese pequeño detalle, nada llamaría la atención de esa niña que brincaba en el cementerio de Andratx.

Reía y cantaba, mientras rozaba con su varita de juguete las lápidas de los nichos. Igual que una pequeña hada que se ha surtido de poderes en un puesto de feria. El sol empezaba a ponerse y tenía que darse prisa. Tocaba más lápidas mientras susurraba... ¿una canción infantil? ¿Un hechizo? Detrás de cada piedra tocada se escuchó un gemido y tras él, un crujido de madera que respondía a la llamada.

La niña cantaba más rápido. Había que darse prisa, lo tenía casi todo listo para la fiesta. Llevaba tanto tiempo esperando, preparándose para cumplir su deseo.

La madera tras la piedra se despedazaba bajo el golpe de centenares de pies iracundos. Un taconeo sordo llenó el cementerio. La niña seguía expandiendo sus sortilegios y los golpes en el interior de las lápidas se multiplicaban ante la llamada. Pum, pum, pum... Tambores sordos que anunciaban el inicio de las fiestas patronales. Pum, pum, pum. Golpes para salir de allí.

Pero la piedra, marés de Santanyi por orden municipal, aguantaba eficaz las embestidas. Los golpes se volvieron más furiosos, los gemidos se tornaron iracundos. La piedra era sabia y estaba entrenada para impedir la entrada de nadie, para frustar la salida de nada. Y la furia se tornó en frustación. Ni una grieta se formó en las resistentes lápidas. Mientras, los pies recién despiertos se iban desmembrando por la fuerza de los golpes. La carne muerta sucumbía. Piedra, papel o tijera. En el combate entre el marés y los habitantes de los nichos, el resultado estaba claro.

Los golpes se volvieron sordos y se fueron apagando. Se escucharon lloros, algún lamento tras las lápidas. La niña cesó su danza invocadora. La varita se cayó al suelo decepcionada. La invitación no había surtido efecto.

Pero he aquí que en un apartado nicho seguían los golpes. Sólo en uno. La niña escuchó atenta entre la maraña de aullidos. Sí, unos golpes rítmicos, fuertes, regulares como un martillo percutor. Pum, pum, pum. Y un crujido lastimero. Pum, pum, pum. Sí, ahí se estaba librando un combate con resultados sorprendentes.

La niña recogió su varita y corrió con los pies mojados. Un chapoteo se escuchaba tras ella. Los golpes eran vigorosos a medida que se acercaba. La niña corrió por un pasillo, rodeo otro, alcanzó el origen del ruido. Ahí, en la fila 7, en el segundo nicho contando desde el suelo, una lápida se estaba resquebrajando. Más golpes, empezaron a caer polvillo y pequeñas porciones de piedra. La niña se subió al bordillo y retiró flores y algún trozo de marés que ya se había roto. Más golpes, la piedra se rindió y se desmenuzó. Unos pies calzados y enormes salieron del interior.

-¿Hola?- gritó la niña al oscuro agujero.

Un murmullo salió del interior. Su habitante se movía nervioso y empezó a arrastrarse para escapar de su cárcel. Las sombras del atardecer habían empezado a inundar el cementerio, que por fin había callado. Sólo el resuello de algo que intentaba escapar. Unos pantalones negros salieron del nicho. Luego, unos brazos fuertes y morenos se agarraron al borde para coger impulso y ahí salió el único invitado que acudiría a la fiesta.

El pelo largo le caía sobre la cara, despeinado y lleno de polvo. Se sacudió como un perro mojado. Estiró sus brazos largos como si despertara de un largo sueño. El hombre miró hacia un lado y hacia otro y luego al cielo. Notó un tirón en el pantalón. Era la niña, que llamaba su atención.

-Hola.

El hombre la miró extrañado y bostezó. La niña alzaba la cabeza, su nuevo compañero era muy alto, inmenso. Sólo había conseguido despertar a uno, pero le valdría. Le llamó con un dedo infantil e hizo que se inclinara hacia ella para hablarle al oido.

-¿Te apetece venir a una fiesta?- susurró.

2 comentarios:

  1. Oyeeeeeeeeee, esto empieza a acojonar... por cierto, ha cambiado un poco o es que yo recuerdo mal??

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  2. Corresponsal, cambios, nuevos capítulos, labor de pulido. Estoy reescribiendo, por eso tarda un poco la publicación, pero este fin de semana cae otro capítulo.

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